martes 31 de enero de 2012

El Taxodio de Bécquer


Bien rácana que ha sido la ciudad con su poeta más popular en el 175 Aniversario de su nacimiento. Un par de conferencias y una pequeña (y mal iluminada) Exposición. Eso ha sido todo.
La Exposición, que estará en el Monasterio de Santa Clara hasta el 12 de febrero, es a propósito del centenario de la glorieta que se le dedicó a Bécquer en el Parque de Maria Luisa.

El monumento lo hizo el escultor de Marchena Lorenzo Collaut Valera, pariente del escritor D. Juan Valera y se inauguró en 1911. Se exhiben planos del proyecto, semblanzas de los promotores de la idea, fotos varias y otros documentos entre ellos una carta de escultor que me ha resultado reveladora y muy interesante. Dice en uno de sus párrafos:
“En cuanto a que esté el monumento bajo un árbol y rodeándolo, se me ocurrió para expresar así la gran sensibilidad del poeta por la Naturaleza y, al mismo tiempo, darle al monumento ese recogimiento y esa tristeza intima que yo creía que debía tener, y que se hubiera perdido en un sitio más amplio y de más perspectiva”

Lo clavó Collaut Valera. ¡Ay!, todos hemos ido a esa glorieta a pasear amores y a compenetrarnos con el autor de unos versos que nos sabemos de memoria…
El árbol en cuestión es un Taxodio o Ciprés de los pantanos, especie que procede de Norteamérica. Seguro que los habéis visto exentos en el Retiro, unos soberbios ejemplares que hay delante del Palacio de Cristal y que en otoño -para mi gusto- alcanzan todo su esplendor.
Estos árboles pueden vivir cientos de años y Collaut Valera lo escogió porque “simboliza la sabia natural y eterna de la poesía verdadera, de la que Bécquer se alzó como emblema supremo”. ¡Amén!


sábado 28 de enero de 2012

Día bonito





Un grupo de amigos recorrimos la Sierra de Aracena este martes disfrutando del espectáculo que ofrecía un paisaje exultante al sol en este invierno-primaveral. Atravesamos dehesas con toros, riachuelos con lentejas de agua y peñascales dificultosos. Vimos ovejitas comiendo tiernas flores amarillas, lirios del campo ya apuntando, juncos en cantidad…bucolismo puro.

Acabamos en Santa Olalla, conociendo sus “tesoros” arquitectónicos: la plaza de toros, la iglesia de la Asunción y el castillo-fortaleza. Fue toda una sorpresa este pueblo.
El Castillo, una mole inmensa de la época de Sancho IVel que sale en la serie Toledo” -decía muy contenta la guía que lo mostraba-, es uno más de la frontera fortificada frente a Portugal, la llamada “banda gallega”. Nunca había visto otro tan enorme. Lo han restaurado con vistas a las visitas turísticas y puedes pasear todo su camino de ronda cómodamente, viendo los campos con almendros ya en flor (dejo constancia: un 24 de enero) y pisando sillares con dendritas de pirolusita. ¡Esto si que no me lo esperaba! ¡Qué maravilla de la Naturaleza!


martes 17 de enero de 2012

Librerías




Me he “zampado” esta mañana de un tirón, en dos horas de espera tediosa, un libro que me regaló ayer mi hijo: 84, Charing Cross Road, de Helene Hanff.
No sé cómo estaría la película que hicieron en 1987 en la que Anthony Hopkins interpretó al solícito librero Frank Doel, pero lo que es el libro te atrapa desde la primera carta. Te lleva a una librería del centro de Londres y a la correspondencia que con ella mantuvo durante años la americana Helen, que rebasó los tratos comerciales para trabar una amistad con unos personajes que afrontan su vida cotidiana con toda dignidad, en unos tiempos duros en los que lo único que parece abundar son los libros procedentes de mansiones en liquidación.
Aunque no compartas con Helen su pasión devoradora de ensayos -prefiero las novelas- ni su amor a los libros usados y “de viejo” - a mí siempre me han dado mucha grima- empatizas enseguida con esta pintoresca bibliófila, una persona encantadora, cargada de humanidad y delicadeza. Y me quito el sombrero ante su enorme cultura autodidacta.
Os recomiendo el libro, es delicioso y tierno.
¿Y qué decir de las librerías antiguas, con caché? Las que van quedando se cuentan con los dedos. En mi ciudad ninguna.
Por esos mundos sobreviven la Lillo en Oporto, que os sonará de las escenas de una de las entregas de Harry Potter, la Hatchard’s, que pasa por ser la más antigua de Londres y la Shakespeare and Company en París.
Precisamente leyendo el libro que os comento, me he estado acordando de ésta que tiene una sección de libros de segunda mano. Conocí esta librería por el libro de Hemingway, París era una fiesta, donde habla de la primitiva dueña, Silvia Beach, amiga de los escritores de entreguerras y editora del Ulises de Joyce. Hace unos días me enteré de que su dueño actual, George Whitman, un mecenas de jóvenes escritores desconocidos, ha fallecido hará cosa de un mes. Esperemos que no muera con él esta original y caótica librería, en la que he pasado mis buenos ratos mientras esperaba que mi asesor literario particular se proveyera de un buen botín.



domingo 15 de enero de 2012

Liverpool




Acabo de terminar una novela cuya trama concluye en Liverpool y en un barco que zarpa de su puerto rumbo a América. El libro me ha llevado a los recuerdos de aquella ciudad donde lo pasé tan bien cuando la conocí.
A Manchester, Liverpool o Sheffield, ciudades desarrolladas al calor de la 1ª Revolución Industrial y sus industrias contaminantes, se las supone feas. El clima tampoco les ayuda mucho que digamos a atraer turistas.
Liverpool se salva por los Beatles (dicho sea de paso, me encantan aunque no sea una beatlemaníaca). Legiones de devotos acuden continuamente a esta ciudad para venerar los santos lugares beatlelianos y sus reliquias. El Ayuntamiento, consciente de la mina de oro que supone este asunto, tiene establecida una ruta perfectamente señalizada e informada, en la que se lleva la palma la famosa The Cavern. Le han puesto incluso un Museo dedicado a estos hijos tan famosos. Pero Liverpool no es sólo Beatles ni el equipo Liverpool Football Club, que también levanta pasiones.
La ciudad está repleta de una historia y un patrimonio que la hacen excitante. Su prosperidad, que se inició con el comercio de esclavos, se acrisoló en el s. XIX al convertirse en el 2º puerto de Inglaterra tras el de Londres. Por sus muelles llegó a pasar casi la mitad del comercio marítimo mundial y su estación acogió la primera línea de ferrocarril que funcionó en Inglaterra en 1830. El dinero fluía a raudales. Creció muchísimo y se llenó de edificios monumentales -algunos un tanto grandilocuentes- que daban satisfacción al orgullo de sus prósperos comerciantes y hombres de negocios: la Bolsa, Teatros, dos Catedrales…Claro que también estaban los suburbios insalubres donde los obreros se hacinaban.
Aunque fue bastante destrozada por los bombardeos de la 2ª Guerra Mundial y tuvo que soportar más tarde una dura reconversión económica, Liverpool ha sabido reinventarse y hoy presenta un aspecto bastante atractivo.
Me encantaron sus calles peatonales llenas de tiendas tentadoras y músicos espontáneos; el Barrio Chino, con su monumental puerta colorista. Son magníficos los grandiosos edificios, algunos con el “Liverbird” pájaro símbolo de la ciudad, el Museo, la Estación, las Catedrales… aunque lo que más me gustó fue el Puerto.
Lo recorría y me imaginaba la trepidante actividad de sus muelles en su etapa de esplendor, el bullicio de las gentes que iban a embarcarse hacia el Nuevo Mundo
Allí estaba el Albert Dock, declarado Patrimonio de la Humanidad, donde han situado, entre otras cosas, una Tate Gallery; había barcos históricos atracados y una escultura dedicada a las familias que tuvieron que emigrar. Me resultó conmovedora en su soledad frente al mar, tantas veces traidor para muchas de esas pobres criaturas que partían rumbo a la prosperidad cargadas de esperanzas.
En nuestro viaje tuvimos la suerte de alojarnos en el Adelphi, un hotel con lujo de antaño, mucha historia y clientes famosos, entre los que -te cuentan- estaba Dickens, que acudía allí a tomar una famosa sopa de tortuga. Tras ser remodelado en plan fastuoso, imitando salones del Titanic, que pertenecía a una compañía naviera de Liverpool, fue reinaugurado con una fiesta en honor de los pasajeros de aquel barco.
Nos dijeron que este año en que se cumple el centenario del barco hundido van a rememorar aquella fiesta y que estará abierta a todos los que vayan ataviados a la moda de 1912.
¡Animaros! (si no sois supersticiosos…)


domingo 8 de enero de 2012

Fervor


Cuando estuve en Rusia, una de las cosas que más me llamó la atención fue el resurgir de la Religión que observaba por todos lados: templos atiborrados de fieles rezando o encendiendo velitas ante iconos milagrosos; bodas religiosas por doquier, iglesias recién restauradas con sus frescos, mosaicos, mármoles y bronces…
Todo un contraste con lo que fue la época comunista cuando la religión, “opio del pueblo” a decir de Marx, estaba prohibida y perseguida. Simbólico fue el caso de Cristo Salvador, la catedral de Moscú, derribada en tiempos de Stalin y en cuyo solar se hizo una piscina pública. Hoy están muy orgullosos de haber reconstruido este templo con todo su esplendor fidedigno (gracias a los testimonios gráficos que se conservaban).
Por aquellas tierras celebran ahora la Navidad, con varios días de retraso respecto a Occidente. Y da risa ver, en el interior de Cristo Salvador, al Presidente ruso o a Putin -antiguo dirigente de la KGB- muy piadosos ellos, persignándose reiteradamente junto al Patriarca y los Popes de bulbosas tiaras doradas y largas barbas canosas.
Pero el fervor de la gente no creo que sea impostado. A pesar de los lavados de cerebro ideológicos a los que eran sometidos, muchas personas conservaron en su interior la fe que les servía de refugio frente al materialismo descarnado y, en otros casos, a la vez de bandera nacionalista. Estoy pensando en Polonia o en Ucrania, aplastadas por la URSS durante tantas décadas.
Hoy he acudido a un templo histórico de mi ciudad para una misa familiar. Llegué con tanto tiempo que no había acabado la misa anterior, una celebración de la Navidad para la comunidad ucraniana de mi ciudad. Por cierto, no la imaginaba tan numerosa.
Se les veía a todos los asistentes tan fervorosos, rezando, cantando en su idioma, y tan contentos a pesar de las dos horas que llevaban allí casi todo el rato de pie. Me he quedado impresionada sintiendo la autenticidad de su fe.
A la salida estuve charlando con algunos de ellos. Me contaron cómo les dicen allí una misa todos los domingos, en su idioma y con su liturgia, cómo vienen a ella desde todos los barrios, donde trabajan mayormente como servicio doméstico o atendiendo a ancianos (había médicos, titulados en Ucrania, que se ven obligados a trabajar de cuidadores), cómo muchos acuden desde pueblos, cercanos o lejanos, teniendo que coger autobuses muy tempraneros porque los domingos reducen el servicio. Lejos de su Patria la religión es su consuelo.
Si eso no es fe, que venga Dios y lo vea.

miércoles 4 de enero de 2012

De mosquitos



En el mundo civilizado estamos acostumbrados a ver estatuas y monumentos levantados para recordar a eminentes científicos que, con sus descubrimientos, han luchado contra la enfermedad y mejorado nuestra calidad de vida. Es el caso de Jenner, Pasteur o Fleming, por citar sólo tres ejemplos muy conocidos.
Lo que es bien chocante es encontrarse con un monumento al animal que transmite la enfermedad más mortífera del mundo: el Mosquito Anopheles.
Este causante de la malaria o paludismo es honrado en Las Marismas con el pedazo de escultura que veis en la foto. A su lado una plaquita, que tiene el marchamo de La Consejería de Medio Ambiente, lo nombra “Guardián de La Marisma” porque gracias (¿) a él esta zona no fue colonizada…
Increíble pero cierto. Lo descubrir hace dos años cuando Bernardo y Luisa me iniciaban en el conocimiento de la belleza de aquellos parajes. El otro día pude comprobar que sigue allí, ubicado ahora en un nuevo emplazamiento más visible. Todavía ando chocada.
¡Cosas del folklore de nuestra tierra!

lunes 2 de enero de 2012

¡ Feliz 2012 !



Es lo que os deseo a todos. “Con las glorias se me fueron las memorias” y ni siquiera os felicité la Navidad por este canal.
Espero muchas cosas interesantes en este nuevo año pero sobre todo, que las cosas sencillas, cotidianas y familiares sigan yendo bien. De momento lo he estrenado muy a gusto, con el calor de los míos.
Lo empecé viendo el soberbio concierto de Viena mientras tomaba un trozo de tarta Tatin que, con perdón, me sale cada vez más rica. Luego me fui con ocho queridas personas a comer arroz con pato, al solecito, junto a Las Marismas. Trotamos por aquellos hermosos parajes, en estas fechas cuajados de aves, hasta dejar a los chiquillos exhaustos, disfrutando de verlos disfrutar. A la vuelta rematé viendo el precioso final de mi serie favorita que mi hijo me había bajado de Internet.
En fin, un presagio de lo bien que nos va a ir a todos el año… Ya veréis